Por Claudia Ortiz
En su juventud Enrique sólo quería justo lo que ofrece el
mundo: Estudiar una carrera, irse de intercambio, titularse como profesionista,
estudiar una maestría y encontrar un buen trabajo; después de todo esto, sería
exitoso y por consiguiente, feliz (supuestamente). Pero como pasa con los
anuncios, lo tan animosamente proclamado antes, no resulta ser como en los
avisos y él lo constató cayendo de un nivel de “en vías a la felicidad” a una realidad en la soledad y el sentimiento
de vacío.
